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Elemrise
❦ Bestiario

Marcos, Invocador de Bestias

El forastero de la otra realidad que arde y regresa

2 min de lectura

Marcos invoca criaturas que no existen en ningún reino, se desliza entre las sombras como si no pesara y, cuando lo acorralan, arde hasta desaparecer. Días después vuelve a aparecer en otra parte.

Cuando arde, no grita. Suspira, como quien vuelve a casa. — Guardia de la prisión de Hydrosia

Los hydrosianos que lo vieron llegar coinciden en un detalle: Marcos salió del Portal Desconocido mojado, aunque al otro lado no había agua. Llevaba ropas de un corte que nadie supo identificar y pronunciaba los nombres de los reinos con un acento extraño, como si los hubiera leído pero nunca oído. Lo detuvieron por precaución, y esa misma noche desapareció de una celda cerrada, dejando la puerta intacta.

Desde entonces ha recorrido medio Roglamor. Su magia no se parece a ninguna escuela conocida: no invoca bestias de los seis reinos, sino criaturas que describe con palabras que no existen, y que se desvanecen cuando él se distrae. Se mueve entre las sombras con una facilidad que inquieta, como si la luz de este mundo no terminara de agarrarlo. Solo otras criaturas de sombra o quienes poseen una visión verdadera consiguen cerrarle el paso.

Lo más perturbador es su manera de escapar. Cuando Marcos se ve perdido, se enciende. Su cuerpo arde de dentro afuera con una llama breve que alcanza a quien tenga más cerca, y en un instante no queda de él más que un olor a sal quemada. Quienes lo han visto creen que muere. Pero unos días después, alguien lo encuentra en otro lugar de Roglamor, con la ropa intacta y la sombra moviéndose un instante después que él. Los eruditos de Eldralis sostienen que no muere: que el fuego lo devuelve a su realidad de origen, y que algo lo arrastra de nuevo hasta aquí.

Marcos no habla de su mundo, salvo para corregir a quien lo llama «la otra realidad». Según él, la otra realidad de Roglamor, la que nació en la Fractura, es solo un reflejo, y él viene de un lugar que no es reflejo de nada. Esa afirmación ha provocado más discusiones en la Academia que cualquier hechizo.

La anécdota que más se repite en el Reino de Hydrosia es la de la posada de Remanso Gris. Marcos pidió cena y, al pagar, dejó sobre la mesa una moneda con la cara de un rey que nadie conocía. El posadero la guardó como curiosidad. Un año después, la moneda empezó a mostrar otro rostro, distinto cada mañana. El posadero dice que el último que apareció era el suyo.

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