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Elemrise
❦ Bestiario

Aegir, Ruiseñor de Hydrosia

El que canta para que el remolino duerma

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La capital de Hydrosia gira alrededor de un remolino en calma porque alguien lleva siglos cantándole sin parar. Aegir es la voz que sostiene una ciudad entera.

Mi juramento no dice que deba vencer. Dice que la marea vuelva. — Aegir, Ruiseñor de Hydrosia

Antes de que Hydrosia fuera un reino, el remolino que hoy ocupa el centro de su capital se tragaba barcos enteros. Entonces llegó un cantor, uno de los ruiseñores del coro que había dormido a los cristales la noche del Sellado, y le cantó hasta calmarlo. Cuando se trazaron las Puertas Juradas de Ethereon, Aegir fue de los primeros en cruzarlas. Allí juró proteger las aguas de Hydrosia «mientras la marea vuelva». Lo que se jura ante esas puertas no se rompe sin pagar un precio, y Aegir nunca ha querido saber cuál. El lema del reino, «La marea siempre vuelve», nació como una forma de decir que su juramento sigue en pie.

Su canto se alimenta de quienes lo escuchan. En un campo vacío, Aegir apenas es una voz; en una batalla multitudinaria, cada criatura presente, amiga o enemiga, le da fuerza. Los soldados de Hydrosia lo saben y nunca lo dejan pelear solo. Sus enemigos aprendieron la lección contraria: contra Aegir se va con pocos o no se va.

Los videntes de Eldralis han señalado algo inaudito. Desde la Fractura, todas las criaturas de Roglamor son ligeramente distintas en cada realidad. Aegir no: es exactamente el mismo en las dos. Su juramento lo sostuvo entero mientras el mundo se partía. Durante aquellos días el remolino empezó a girar de nuevo, y Aegir cantó nueve días y nueve noches sin detenerse. Cuando por fin calló, a su voz le había salido un eco. Ahora canta a dos voces, una para cada realidad.

Su historia con Blazaria es antigua. En la Guerra de las Cenizas, Ignis entró en la Bahía de las Mareas Cambiantes al frente de su flota, y las aguas de Aegir lo apagaron. El Señor de Blazaria volvió de sus cenizas en la orilla, y los dos se miraron como quien comprende que no podrá terminar con el otro. Esa misma tarde firmaron, en el borde del remolino, el tratado frágil que todavía separa sus reinos.

Hoy, la amenaza más cercana está dentro de sus propias aguas. Lyra, la Ahogadora de Almas, arrastra al fondo a los espíritus de quienes cruzan sus mareas, y Aegir no ha levantado la voz contra ella. En la capital se murmura. Nerith la Callada, la sacerdotisa que presenció su juramento, podría explicar por qué, pero nadie la ha oído hablar jamás.

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