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Elemrise
❦ Bestiario

Sellador de Portales

Hechicero de una orden errante que cierra grietas a cualquier precio

2 min de lectura

Cada portal que cierran les cuesta un compañero. Los Selladores lo saben, lo aceptan y siguen caminando, porque lo que espera al otro lado pesa más.

Nosotros no cerramos puertas. Elegimos quién se queda a este lado. — Hermana Avel Cierrapuertas, fundadora de los Selladores de Portales

La orden de los Selladores de Portales nació en los meses que siguieron a la Fractura, cuando las grietas empezaron a abrirse en todos los reinos y ninguna corona sabía cerrarlas. La fundó la hermana Avel Cierrapuertas, astrónoma de Ethereon, junto con un puñado de estudiantes de Eldralis que dejaron la academia para ir a pie hasta donde hiciera falta. Visten capas grises con una puerta bordada en la espalda y no tienen sede: duermen donde se abre la siguiente grieta.

Su magia exige un ancla. Un sello solo resiste si al otro lado de la balanza se pone una vida que pese más que lo que intenta cruzar. Por eso cada sellado tiene un precio: un compañero, una bestia invocada o un voluntario que se queda atrás. Si el ancla pesa lo suficiente, lo que asomaba por la grieta se deshace; si no, el sacrificio habrá sido en vano. Lo más inquietante de los Selladores es que el luto los vuelve más rápidos: tras perder a alguien, sus siguientes conjuros brotan con una facilidad que ellos mismos detestan.

Su relación con Marcos, el Invocador de Bestias, es tensa. Marcos apareció en Hydrosia el día en que se abrió el primer Portal Desconocido, y todo indica que necesita un portal abierto para volver a su hogar. Los Selladores quieren cerrarlos todos. Avel le juró que no sellaría el portal de Hydrosia hasta que él decidiera si quiere marcharse. Algunos hermanos consideran ese juramento una traición a la orden.

La orden tiene también un desertor: el hermano Ilar, que durante un sellado en el Horizonte de Estrellamar no se convirtió en ancla, sino que cruzó al otro lado. Volvió, pero ya no era el mismo. Hoy lo conocen como el Saltador de Mundos, y los Selladores tienen prohibido dirigirle la palabra.

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