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Elemrise
❦ Bestiario

Guardián de Hydrosia

Centinela de arena de fondo, ligado al juramento de Aegir

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No nacen ni mueren: se vierten. Los guardianes de Aegir llevan en el pecho un reloj con arena del lecho marino, y cuando lo vacían entero son capaces de derribar a cualquiera.

Pregúntale a un guardián cuántos años lleva sirviendo y te recitará el juramento entero. No sabe contar de otra manera. — Iolan Tresmareas, cartógrafo de Hydrosia

Cuando los hydrosianos dicen que estos guardianes sirven a Aegir «desde tiempos inmemoriales», lo dicen al pie de la letra: son los mismos de siempre. Se modelan con arena de fondo dragada de la Bahía de las Mareas Cambiantes, mezclada con agua del remolino de la capital, y se animan con un fragmento del juramento de Aegir. En el pecho llevan un reloj de arena hecho con cristal de la Cascada del Alba.

Lo primero que hace un guardián al llegar a un combate es exhalar un aliento de agua profunda que deja inmóvil al primer intruso. Lo segundo, si hace falta, es pagar. La arena de su reloj es su vida, y pueden derramarla de golpe en un solo ataque: cuanta más arena gastan, mayor es el enemigo que pueden deshacer. Un guardián que vacía su reloj por completo se desmorona en la orilla, y en la marea siguiente los sacerdotes lo vuelven a verter. Regresa sin recuerdos, con el juramento intacto en los labios.

No hablan. En cada cambio de marea susurran las palabras del juramento, y los niños de la capital les dejan conchas a los pies para que el susurro les dure más. Los marineros los usan como reloj: si el guardián de un muelle empieza a murmurar, la marea está girando.

Su misión más secreta es custodiar la celda del Gigante Sumergido, el experimento que Hydrosia preferiría olvidar. En 2.847 d. S., cuando el pilar se agrietó, el gigante se movió por primera vez en décadas. Un guardián al que el pueblo llama Sexto Reloj vació toda su arena en un instante y congeló el ancla de su cadena. Lo volvieron a verter a la mañana siguiente. Desde entonces, cada vez que pasa ante la puerta del gigante se detiene y se queda mirándola. Se supone que los guardianes no recuerdan.

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