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Elemrise
❦ Bestiario

Maestro de la Sabiduría

Loryan, el maestro que lee lo que aprenden los demás

2 min de lectura

Loryan enseña en la Academia Arcana de Eldralis desde hace medio siglo. Sabe qué aprende cada alumno antes de que lo use, y lleva siempre consigo un pequeño molusco que nunca suelta.

No temo lo que Jaden sabe. Temo lo que todavía no me ha dejado ver. — Loryan, Maestro de la Sabiduría, en carta a la rectoría de Eldralis

Loryan no nació en Aetheria. Creció en los pantanos que separan Hydrosia de Verdelume, entre ranas guerreras y herbolarios, y llegó a la Academia Arcana de Eldralis con veinte años y los pies todavía manchados de barro. Allí lo admitieron por una razón insólita: durante la prueba de ingreso, adivinó qué hechizo iba a lanzar cada uno de los examinadores antes de que abrieran la boca.

Ese don es la base de su magia. Loryan percibe el conocimiento como el agua percibe una piedra que cae: por las ondas. Cuando alguien aprende algo nuevo cerca de él, el maestro lo siente en la piel, y si se lo propone puede ver exactamente qué ha aprendido. Por eso sus alumnos no consiguen ocultarle nada, y por eso sus rivales en un duelo descubren que cada carta que roban queda expuesta ante él. Loryan dice que no es una intrusión, sino una responsabilidad: un maestro que no sabe qué aprenden sus alumnos no merece ese nombre.

Siempre lleva consigo a Tesk, un molusco de concha verdosa que encontró de joven en la Cascada del Alba. El animal no hace nada aparente, salvo cerrarse cada vez que alguien miente en su presencia. Cuando Loryan entra en combate, Tesk se despega de su hombro y se coloca delante de él, absurdamente pequeño y absurdamente terco.

Lo que pocos saben es que Loryan tuvo un papel en la caída de la Orden de los Veedores. Fue él quien, en 2.845, dejó abierta una noche la biblioteca oculta donde Boris Sneil encontró el registro del Ojo Perdido. No lo hizo por casualidad: llevaba años sintiendo, en los pasillos de Eldralis, las ondas de un conocimiento que nadie debería estar aprendiendo. Nunca descubrió quién. Y ahora, cuando Jaden estudia de noche, Loryan vuelve a sentir esas mismas ondas.

Sus colegas le preguntan por qué no expulsa al muchacho si tanto le preocupa. Loryan responde siempre lo mismo: que expulsar a un alumno nunca ha impedido que aprenda, solo ha impedido que alguien lo vea aprender.

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