La capital de Hydrosia gira en espiral alrededor de un remolino en calma. Aegir, el Ruiseñor, la protege bajo juramento desde tiempos inmemoriales.
Quien jura bajo el remolino, jura ante todos los que se ahogaron. — Ysolde Marfría, Primera Lectora
Hydrosia es una ciudad de canales concéntricos y puentes de nácar que se estrecha hacia el centro, donde un remolino inmenso gira en silencio. El aire huele a sal y a lluvia nueva; las casas son de coral y madera clara; las campanas suenan bajo el agua. Los inviernos son húmedos y largos, y la bruma sube desde el remolino cada amanecer.
Sus habitantes valoran el juramento y la memoria. En la Cámara de los Lectores se anotan los nombres de quienes pasan por la ciudad, y Ysolde Marfría, Primera Lectora, lee el futuro en cuencos de agua. Aegir canta cada noche una nota que mantiene en calma el remolino. Los Guardianes de Hydrosia, hechos de arena de fondo, patrullan los canales, y el Gremio de Buscatesoros recorre el mercado vendiendo mapas de lo que se ha hundido.
Desde la Fractura el remolino gira al revés, y los lectores han dejado de anotar nombres porque algunos aparecen escritos antes de llegar. El rincón secreto es el Patio de las Mareas Mudas, un jardín interior sin agua ni música donde Aegir va a descansar. Allí hay un pozo cuyo fondo, dicen, no corresponde a esta realidad.


