El Señor de las Mentiras lo ofrece a quienes ya no esperan nada: poder guardar sin límite. Pero el firmante no puede actuar por iniciativa propia; el día que lo hace, el pacto se quiebra.
Lo tengo todo. Si lo toco, lo pierdo. — Vaurel Manoquieta
El Pacto de la Desesperación lo ofrece el Señor de las Mentiras, y siempre del mismo modo: aparece ante alguien que ya lo ha perdido todo y le promete que nunca volverá a perder nada. El ritual consiste en una conversación larga, de noche, en la que el firmante cuenta todo lo que le han quitado. Al amanecer, el Señor de las Mentiras le da la mano.
El don es acumular sin límite. El firmante puede guardar cuanto quiera, secretos, planes, recursos, sin que nada se le escape ni se le olvide. Pero la desesperación pide su precio: el firmante no puede tomar la iniciativa. En cuanto lanza su propia magia en lugar de esperar, el pacto se rompe y todo lo guardado se le escurre entre los dedos.
El firmante más conocido es Vaurel Manoquieta, un mercader de Solaria que en 2.611 d. S. perdió a su familia en una tormenta de arena. Firmó, acumuló una fortuna inmensa y no gastó jamás una moneda por miedo a romper el trato. Murió de hambre en su almacén. Los Bae Dorus aseguran que el Prisionero Condenado es otro firmante: alguien que guarda algo tan valioso que prefiere seguir encerrado antes que mover un dedo.
Quienes lo firman acaban al borde de la locura, porque el poder que da es efímero: solo dura mientras no se use.



