Para reinar en Ethereon hay que renunciar a todo lo que se posee. Seleana llegó a la corte con las manos vacías y desde entonces lee el destino de sus enemigos antes de que ellos lo conozcan.
Ella no gobierna con lo que tiene, sino con lo que ha dejado de tener. — Nerith la Callada, escrito en la arena de las Puertas Juradas
La corona de Ethereon no se hereda ni se conquista: se cede. Cuando muere un soberano, las constelaciones que rodean la capital se reordenan durante una noche, y la figura que dibujan señala a quien debe reinar. Hace treinta y un años, la figura fue una mano abierta, y los astrónomos tardaron un mes en encontrar a su dueña: una joven aetheriana que vendía mapas de vientos en los muelles de la Isla Voladora y que jamás había puesto un pie en Ethereon.
El rito de coronación exige que la nueva reina cruce las Puertas Juradas sin llevar nada consigo, ni siquiera el nombre. Seleana dejó en la orilla de Aetheria su ropa, sus mapas y un anillo de su madre, y entró desnuda de todo salvo del aire que respiraba. Desde entonces el viento la obedece mejor cuanto menos posee: en su palacio no hay tronos ni joyas, y quienes la visitan esperando un tesoro encuentran salas vacías donde solo corre una brisa fría.
Su don es mirar. Le basta un instante frente a un enemigo para ver la primera página de su destino, la siguiente decisión que tomará, y con eso gobierna. Los embajadores de los otros reinos aprendieron pronto que discutir con Seleana es inútil: responde a sus argumentos antes de que los pronuncien. Pocos saben que solo ve esa primera página. Lo que hay después le resulta tan oscuro como a cualquiera, y eso la atormenta más que su ceguera a todo lo demás.
Bajo su reinado cayó el Faro de las Estrellas, y ese es el reproche que nadie se atreve a hacerle en voz alta. Seleana vio la primera página de aquella noche: vio a Veldris bebiendo la luz de una estrella más. No vio la hora de oscuridad que vino después. Desde la Fractura no duerme en su palacio, sino en una barca anclada al Sendero de las Estrellas, donde puede mirar las dos realidades a la vez y comprobar que ambas siguen ahí al amanecer.
En las cortes de Ethereon circula una historia que ella nunca ha desmentido. Un embajador de Hydrosia, Corvel Anzuelo, le llevó como regalo un espejo de agua capaz de mostrar el futuro entero. Seleana lo rechazó sin mirarlo. «Si acepto algo, el viento deja de escucharme», dijo. El embajador volvió a su reino con el espejo intacto y, según cuentan, lo rompió esa misma noche después de mirar dentro.
Vínculos
GuardiánPakut, Guardián de EthereonPakut defiende las salas secretas de su palacio, aunque ni siquiera la reina sabe qué guardan todas.
Herida abiertaVeldris, Drenador de EstrellasSeleana no perdona a Veldris la caída del Faro, ni se perdona a sí misma no haberla visto venir.
Heredera posibleMiridia, Controladora de VientosSeleana sigue de cerca a Miridia: la única aetheriana, además de ella, a la que el viento obedece sin pedir nada a cambio.
