Aire y Astral son opuestos, y sus reinos se miran con desconfianza desde el Horizonte de Estrellamar. Seleana y Skyvorn se escriben desde hace veinte años. Nunca han firmado una carta.
Soberana de Ethereon, su presencia domina los reinos astrales. Menos uno, al otro lado del horizonte. — Nerith la Callada, por escrito
Se conocieron en una cumbre de paz que fracasó. Seleana había ido a Aetheria a negociar las rutas del horizonte; Skyvorn era el escudo que la corte aetheriana le asignó, con orden de no perderla de vista. Cumplió la orden mejor de lo que nadie esperaba.
La cumbre terminó sin acuerdo. Seleana volvió a Ethereon. Una semana después, un ave mensajera se posó en la torre de Skyvorn con una carta sin firma que hablaba de constelaciones. Él contestó hablando de vientos. Así llevan veinte años, en cartas que nunca dicen nada que un espía pudiera usar y que, sin embargo, lo dicen todo.
En la invasión del Vacío, cuando cayó el Faro de las Estrellas, alguien abrió un pasillo de alas en los cielos de Aetheria para que los refugiados de Ethereon pudieran cruzar. Las órdenes de la corte decían lo contrario. Skyvorn nunca ha dado explicaciones. Seleana tampoco, cuando, semanas después, devolvió a Aetheria cien prisioneros sin pedir nada a cambio.



