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Elemrise
❦ Bestiario

Elemental Astral

Estrella caída al mar de Hydrosia que aprendió a nadar

2 min de lectura

Desde la Fractura caen más estrellas de las que nacen. Las que se hunden en el mar de Hydrosia no se apagan: se convierten en elementales astrales, pequeños, valientes y capaces de borrar un pensamiento con un roce.

Formado de estrellas y cosmos, trasciende el espacio. Pero no la cascada: esa todavía no. — Neva Redondasal, pescadora de Hydrosia

Cada noche caen sobre el Sendero de las Estrellas más estrellas de las que nacen, y no todas terminan allí. Algunas siguen cayendo, atraviesan el cielo de Aetheria y se hunden en el mar de Hydrosia con un siseo que se oye desde la costa. Los pescadores de la Cascada del Alba fueron los primeros en notar lo que ocurre después: a la mañana siguiente, entre las algas, aparece una pequeña criatura luminosa hecha de agua y polvo de estrellas que los mira con curiosidad.

Los elementales astrales son pequeños y frágiles, pero no tienen miedo. Atacan sin bajar nunca la guardia, como si no supieran que pueden apagarse. Su arma es extraña: cuando golpean a alguien, no le hieren el cuerpo, sino la memoria inmediata. Quien recibe su roce pierde un pensamiento, una idea que tenía en la punta de la lengua, un hechizo a medio recordar. Los magos de Hydrosia, que leen el futuro en el agua, han descubierto que el agua donde nada un elemental astral muestra visiones más nítidas que ninguna otra.

La primera en atrapar uno fue una pescadora llamada Neva Redondasal, que lo encontró enredado en su red pocos días después de la Fractura. Intentó venderlo en el mercado de la capital de Hydrosia y nadie se lo compró: cada vez que alguien alargaba la mano, olvidaba qué había venido a comprar. Neva acabó soltándolo en la Cascada del Alba, que cae hacia arriba durante el primer minuto de cada amanecer, y vio cómo el elemental subía por el agua hacia el cielo antes de volver a caer, decepcionado.

Desde entonces, cada amanecer, decenas de elementales astrales intentan subir por la Cascada del Alba, y cada amanecer caen de nuevo. Los oráculos de Ethereon creen que buscan volver al cielo del que cayeron. La dragona Orsalia, que encendió muchas de esas estrellas, sobrevuela a veces la cascada. Nunca baja. Nadie sabe si es porque no puede o porque no quiere ver a sus estrellas convertidas en otra cosa.

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