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Elemrise
❦ Bestiario

Bestia Fantasmal

Comedora de presagios en las aguas quietas de Hydrosia

2 min de lectura

Los magos de Hydrosia leen el futuro en el agua. Lo que no saben es que algo, bajo la superficie, se come los futuros antes de que lleguen.

No temo a lo que muerde. Temo a lo que te deja exactamente igual, salvo por el mañana. — Aegir, Ruiseñor de Hydrosia

En Hydrosia se enseña a los niños que el agua quieta recuerda lo que va a pasar. Los augures del reino se inclinan sobre estanques y fuentes para leer el porvenir, y desde hace siglos saben que algunas visiones se borran antes de terminar de formarse, como un dibujo en la arena cuando sube la marea. Los más viejos tenían un nombre para eso: «la bestia ha bebido». Nadie creía que fuera algo más que un dicho.

La Bestia Fantasmal vive allí donde el agua refleja el Plano Espectral: en los remansos de la Cascada del Alba, en el ojo del remolino en calma que sostiene la capital y en los charcos que deja la Bahía de las Mareas Cambiantes al retirarse. Solo la ve quien ya sabe mirar sombras; para el resto es una ondulación sin viento, un frío en los tobillos. Se alimenta de lo que todavía no ha ocurrido. Ante una ofrenda viva, los augures de antaño la convencían de que devorase el siguiente paso de un enemigo, y ese enemigo despertaba con la sensación de haber olvidado algo importante que aún no había hecho.

Desde la Fractura, cada instante de Roglamor tiene dos porvenires, uno por realidad, y la bestia come el doble. Ha engordado y ha perdido el miedo. Ya no espera en los estanques: se desliza por los canales de la capital y se acerca a los durmientes. En los barrios bajos se cuelgan campanillas de concha sobre las camas, porque se dice que no soporta el sonido de algo que vuelve, y la marea siempre vuelve.

La historia más contada es la de la augur Maelis Hondaluz. En 2.848 vio en su fuente la caída de la espiral de Hydrosia y, desesperada, ofreció a la bestia su propio porvenir a cambio de que se comiera esa visión. A la mañana siguiente la ciudad seguía en pie, y Maelis no supo decir su nombre. Todavía vive en la Cascada del Alba, bañándose cada amanecer para empezar de nuevo, sin recordar nunca qué es lo que quiere empezar.

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