La fuerza de Miridia no está solo en su talento: crece con cada aliado que llega a su lado. Y con un soplo puede devolver a las estrellas lo que su enemigo pensaba invocar.
Subimos porque no sabíamos hacer otra cosa que respirar. Ella hizo el resto. — Ama Teolinda, cocinera de la Torre de las Nubes Eternas
Lo que los cronistas de Aetheria repiten sobre Miridia es su talento innato. Lo que repiten los que han luchado a su lado es otra cosa: Miridia es más poderosa cuanta más gente la rodea. Cada aliado que llega al campo de batalla le trae su propio aliento, y ella lo recoge y lo suma a su viento. Sola es una hechicera notable. Con un ejército detrás, es una tormenta.
Ese rasgo choca con su carácter. Miridia siempre ha confiado en su propio talento y le cuesta depender de los demás, incluso de su hermano. Los maestros que la instruyeron en la Torre de las Nubes Eternas le advirtieron de esa contradicción: su magia le pide compañía, y su orgullo se la niega. Aprender a aceptar ese viento ajeno ha sido, según ella misma, más difícil que dominar cualquier tormenta.
Su segundo don procede del cielo de Ethereon, de una abuela astral de la que apenas habla. Miridia puede soplar sobre un enemigo y leer en su aliento lo que piensa hacer. Si descubre entre sus intenciones una criatura dispuesta a ser invocada, la dispersa con otro soplo y la devuelve al fondo del mazo de estrellas del que procede. Los hechiceros que se han enfrentado a ella describen esa sensación como la de abrir la mano y encontrarla vacía.
La gesta que la hizo célebre ocurrió durante la primera noche de la invasión en los cielos. Un frente de tormenta oscura avanzaba sobre la Torre de las Nubes Eternas, y Miridia subió a la cima sola. No bastaba. Entonces los habitantes de la torre, cuatrocientas personas entre aprendices, cocineros y guardias, subieron tras ella y se quedaron allí, respirando. Con cada uno que llegaba, el viento de Miridia crecía. Al amanecer, la tormenta oscura se había deshecho y la torre seguía en pie. En Aetheria la llaman la Noche de los Cuatrocientos Alientos.
Desde entonces, Seleana, Reina de Ethereon, le ha enviado tres invitaciones a su corte. Miridia no ha respondido a ninguna. Sabe que en Ethereon se renuncia a todo, y ella no está dispuesta a renunciar a la única cosa que la hace fuerte: los demás.
Vínculos
HermanoPortador de la Brisa de AetheriaCaelan es el único aliado cuya presencia no la fortalece, porque la espada que porta absorbe el viento en lugar de darlo.
PretendienteSeleana, Reina de EthereonSeleana ve en ella a una posible heredera; Miridia ve en Ethereon una jaula.
Hermano de vientoRavak, Hijo del VientoRavak y Miridia se conocieron de niños en las Islas Voladoras, y el viento de ambos se reconoce.
