Gotas de magma del Cráter del Dragón de Fuego, selladas por los enanos de las Montañas de Hierro. Arden con la furia del fuego eterno y no toleran la cercanía del agua ni de la savia.
Si el amuleto se apaga, vuelve a casa. Si no puedes volver, arde. — Dicho de los soldados de Blazaria
La tradición dice que el primer Amuleto de Magma se forjó durante la Guerra de las Cenizas, hacia el 2.300 d. S., cuando Blazaria necesitó que sus soldados resistieran la humedad de los campos de Hydrosia. Los enanos de las Montañas de Hierro bajaron al Cráter del Dragón de Fuego, cuyo suelo nunca se enfría, y encerraron gotas de magma vivo en engarces de hierro negro.
El general Tuvar Brasaviva fue el primero en llevarlo. Cruzó tres ríos hydrosianos sin que el agua le apagara la sangre y, según las crónicas de Blazaria, ganó cuatro batallas seguidas antes de que el tratado frágil pusiera fin a la guerra. Murió en la cama, viejo, y su amuleto se quemó con él, como manda la costumbre. Al día siguiente lo encontraron intacto entre las cenizas.
Desde entonces cada guerrero de Blazaria que sale del reino recibe uno. Fortalecen el cuerpo y el ánimo, pero el magma pide fuego a cambio: el amuleto se apaga si su portador pasa demasiado tiempo junto al agua o en la espesura de un bosque, y un amuleto apagado ya no vuelve a encenderse. Por eso nadie de Hydrosia ni de Verdelume puede usarlos.
El Amuleto Primero, el de Tuvar, cuelga hoy en la capital, junto al corazón del reino. Desde la Fractura se fabrican a cientos, y los enanos se quejan de que el cráter empieza a enfriarse en los bordes.



