Hogar de los enanos herreros y de minas que cruzan la montaña de lado a lado. Nadie sabe cuántas galerías siguen abiertas.
Una montaña que no suena es una montaña que miente. — Halvar Martillo-Hondo, maestro forjador
Las Montañas de Hierro son una cordillera de picos rojizos y vetas casi negras, con nieve solo en las cumbres más altas. Los valles interiores retumban de golpes de martillo y de chimeneas que escupen humo ocre. Las Minas bajan por galerías interminables, escaleras de roca, ríos de metal fundido y cavernas con techo de cristal de hierro.
Los enanos herreros viven en ciudades de piedra tallada y celebran una costumbre llamada «la Mecha»: encienden una lámpara por cada obra terminada y la mantienen mientras la pieza exista. Halvar Martillo-Hondo, el maestro forjador, guarda en su taller las mechas de cuatro siglos. Los mineros más viejos hablan con la Bestia de la Montaña, un volcán con patas que cruza las laderas, para que les deje pasar sin derrumbar las galerías.
Tras la Fractura las minas se han desdoblado y algunos túneles comunican entre realidades sin avisar: más de una cuadrilla ha vuelto a la superficie con el pelo cano y las manos vacías. El rincón secreto es la Veta del Segundo Filón, una galería sellada con una puerta de hierro sin cerradura que solo los enanos de sangre más antigua saben rodear. Dicen que detrás aguarda la herramienta del primer herrero de Blazaria.


