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Elemrise
⛰ Lugar

Cráter del Dragón de Fuego

La herida caliente de las laderas de Blazaria

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Un cráter que sigue ardiendo desde el día en que cayó un dragón. Los herreros templan aquí sus mejores hojas y juran que el suelo recuerda cada golpe.

El cráter no se apaga, forastero: espera a que alguien le dé una razón para arder. — Orsa Vetahonda, guía de bajada

El cráter se abre en las laderas altas de Blazaria como una boca de piedra negra, de media legua de ancho. El suelo conserva un calor de horno, la roca suda vapor y el aire huele a hierro mojado. De día el humo vela el fondo; de noche el borde brilla en rojo, y los viajeros lo ven desde los Valles Quemados. Casi nunca llueve: la lluvia se evapora antes de tocar la roca.

Los herreros suben en peregrinación al borde, y los más veteranos bajan hasta la repisa de la Pila Honda para templar allí una sola hoja en su vida. Las cuadrillas de bajada se atan unas a otras con cuerda de ceniza trenzada, y quien vuelve sin cejas lo cuenta con orgullo. Los Gigantes del Volcán cruzan a veces el cráter sin mirar a nadie, y se dice que el Fénix de las Llamas Eternas anida en la pared sur una vez por siglo.

Tras la Fractura el fondo se ha desdoblado: en una de las realidades el cráter sigue ardiendo, y en la otra está frío, mudo y lleno de huesos enormes. Quien baja en el momento justo oye latir algo bajo la repisa. Los guías hablan de un rincón secreto, la Grieta del Último Aliento, una galería lateral donde la roca conserva el calco de una garra del tamaño de una puerta. Nadie ha pasado de la tercera curva sin que el calor lo devuelva.

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