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Elemrise
❦ Bestiario

Elemental de Arena

La duna que reconoce la chispa de los Elegidos

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Los elementales de arena son dunas que un día deciden caminar. Se vuelven más fuertes junto a un Elegido, como si el desierto reconociera su chispa, y con un soplo de viento se convierten en tormenta.

El desierto no sigue a nadie. Si una duna te sigue, es que ya eres algo más que una persona. — Sefa Arenadorada, mano derecha de Karna

En las Dunas del Desierto de los Lamentos, el viento llora de noche, y a veces la arena le responde. Un elemental de arena empieza siendo una duna como cualquier otra que, una madrugada, se levanta y da un paso. Tiene forma vagamente humana, ojos que son dos piedras pulidas y una voz que suena como la arena al escurrirse entre los dedos. Los nómadas los llaman «los que se cansaron de esperar».

Su rasgo más extraño es su relación con los Elegidos. Desde que las chispas empezaron a despertar, los elementales de arena se sienten atraídos por ellas como el hierro por un imán. Cuando caminan cerca de alguien que porta una, se vuelven más densos y más altos, y su arena se compacta hasta parecer piedra. Los sabios de Solaria creen que el desierto reconoce en la chispa algo antiguo, quizá el eco de los primeros guardianes que sellaron el Vacío, y que los elementales quieren protegerlo.

Son criaturas lentas por naturaleza, pero basta una ráfaga para cambiarlas. Si el viento las alcanza, se deshacen en un torbellino de granos afilados y se lanzan contra sus enemigos con una furia que no tenían un momento antes. Después, cuando el viento cesa, vuelven a reunirse en una forma lenta y pensativa, como si se avergonzaran de su arrebato.

Tras la Fractura, los nómadas notan que los elementales de arena andan en una sola dirección, siempre hacia donde se encuentra algún Elegido. El caso más conocido es el de Thorek, el lobo exiliado del Clan de las Runas. Desde que vaga por el Desierto de los Lamentos, un elemental de arena lo sigue a cien pasos de distancia, día y noche. No lo ayuda ni lo ataca: solo camina detrás. Thorek lo llama Sombra Seca y le habla en las noches más largas.

Los Bae Dorus tienen un relato que nadie más conoce. Durante su huida de Nocivax, cuando Karna guió a su pueblo a través del desierto, decenas de elementales de arena se alzaron a su alrededor y caminaron con ellos, ocultando sus huellas. Sefa Arenadorada jura que, al llegar a la libertad, los elementales se tumbaron en la arena y volvieron a ser dunas, todos a la vez, como quien termina una guardia.

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