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Elemrise
❦ Bestiario

Djinn del Desierto

Ladrón de recuerdos de las Dunas del Desierto de los Lamentos

2 min de lectura

El djinn Qasir no concede deseos: se los cobra. Paga con su propia esencia para arrancarte dos recuerdos al azar, y nunca sabes cuáles hasta que intentas usarlos.

Te salvé la vida y me llevé dos recuerdos. Uno era tu primer beso. El otro, el camino de vuelta a Nocivax. Agradéceme el segundo. — Qasir, djinn del desierto, a un Bae Dorus

Los djinn de Solaria nacieron, según las chamanas, del primer pacto que se hizo bajo el sol que nunca se apaga: un viajero sediento ofreció a las dunas lo que más quería a cambio de agua, y el desierto, que no sabía qué hacer con un recuerdo, le dio forma de tormenta. Desde entonces los djinn vagan entre las dunas como remolinos de arena dorada con un rostro dentro, y comercian con lo único que el desierto no produce: memoria.

Un djinn no ataca el cuerpo. Se gasta a sí mismo, deja que una parte de su arena se disperse al viento, y con ese impulso mete la mano en la mente de su rival y se lleva dos cosas al azar. Puede ser un plan de batalla o el nombre de una madre; el djinn no elige, y precisamente por eso es tan temido. Cuando quiere moverse deprisa, devora a otro ser y se impulsa con su esencia como quien se arroja desde una duna.

El más conocido de todos es Qasir, al que los nómadas distinguen por la cicatriz de vidrio que le cruza el rostro, recuerdo de un rayo. Qasir desprecia al Señor de las Mentiras, que enseñó a otros djinn a engañar: él presume de no haber mentido nunca. Simplemente roba. Tras la Fractura, los recuerdos de Roglamor se volvieron más pesados y más dulces, porque cada mente guarda ahora un eco de la otra realidad, y Qasir se ha vuelto insaciable.

En 2.848 d. S., cuando Karna condujo a los Bae Dorus fuera de las forjas de Nocivax, fue Sefa Arenadorada quien negoció con Qasir en mitad de las dunas. El djinn levantó una tormenta que ocultó la huida durante tres días. El precio: dos recuerdos de cada fugitivo, elegidos al azar. Por eso hay Bae Dorus libres que no recuerdan la cara de sus hijos, y otros que han olvidado para siempre el nombre de quien los encadenó.

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