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Elemrise
❦ Bestiario

Herrero Gigante de Verdelume

Forjador de acero de savia bajo las raíces del árbol colosal

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Forjan con martillos de piedra y un fuego frío hecho de luciérnagas, y cada golpe les cuesta un poco de sí mismos. Al terminar su última obra se tumban y se convierten en bosque.

Un enano forja hasta que se le cae el martillo. Un gigante de Verdelume forja hasta que le salen hojas. No sé cuál de los dos finales envidio. — Halvar Martillo-Hondo, maestro forjador de las Montañas de Hierro

Bajo las raíces del árbol colosal que alberga la capital de Verdelume se esconde la Fragua de la Raíz, el taller de los herreros gigantes. Son colosos cubiertos de musgo que trabajan un material que nadie más sabe tratar: el acero de savia, una resina viva que se endurece a golpes hasta volverse más resistente que el hierro y que, sin embargo, sigue creciendo despacio. Solo forjan bajo la luz de las estrellas, y eligen el momento de cada golpe leyendo los presagios del cielo. Lo que sale de sus manos queda unido a su destino: ninguna maldición ni hechizo ajeno puede torcerlo, y lo mismo vale para ellos.

Su oficio tiene un precio. Cada golpe de martillo les quita algo de fuerza, y un gigante que forja durante una guerra envejece en meses lo que en paz tardaría siglos. Cuando por fin se agota, se tumba en el suelo del bosque y se convierte en una arboleda que da sombra, fruto y salud a quien vive cerca. Solo una muerte violenta les arrebata ese final, y por eso los verdelumianos consideran un crimen terrible matar a un herrero gigante.

Los enanos de las Montañas de Hierro llaman al acero de savia «metal tramposo», y el maestro forjador Halvar Martillo-Hondo lleva toda la vida queriendo demostrar que el hierro de Blazaria es superior. Cada cien años se celebra la Prueba del Yunque entre ambos pueblos. En la última, el gigante Bramaroble forjó el Cetro de las Praderas Eternas y Halvar una maza que todavía no se ha mellado. Los jueces declararon empate, y ninguno de los dos lo aceptó.

Desde la Fractura, los gigantes forjan sin descanso para armar a Verdelume, y envejecen a ojos vista. Bramaroble se tumbó el invierno pasado. Quedan menos herreros que nunca.

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