La capital de Verdelume, tallada en un árbol colosal. Thalgar, su sabio, guarda aquí la sabiduría forjada en la luz del reino.
Si hablas con prisa, el árbol no te oye. — Thalgar, Sabio de Verdelume
La ciudad está tallada dentro y alrededor de un árbol tan grande que sus raíces forman calles y sus ramas, barrios enteros. La luz entra filtrada en tonos verdes y dorados; las escaleras son de madera viva, las casas están coronadas de musgo y el aire huele a resina y lluvia. El tronco tiene mil años de anillos y la copa se pierde entre las nubes.
Los verdelumitas creen que «donde cae uno, brotan diez». Los druidas atienden el árbol y se vuelven viento cuando se les acaba la paciencia; los Herreros Gigantes forjan acero de savia en la Fragua de la Raíz; Thalgar lee en la Biblioteca de la Corteza, donde guarda las Tablillas de la Raíz. Madre Raíz, espíritu del árbol, habla solo con quien entra descalzo.
Tras la Fractura el árbol ha florecido fuera de estación en una realidad y ha perdido hojas en la otra. El Consejo de la Corteza discute si cortar las ramas enfermas. El rincón secreto es la Cámara del Corazón de Madera, un hueco en lo hondo del tronco con una luz verde que late; se dice que ahí se escuchan los pasos de todo el que pasa por Verdelume, incluso los que aún no han llegado.


