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Elemrise
❦ Bestiario

Thalgar, Sabio de Verdelume

El sabio del árbol colosal que aprendió a pensar bajo el sol de Solaria

2 min de lectura

Donde pisa Thalgar brotan dos retoños que bailan al viento. Es la voz de Madre Raíz y el corazón de Verdelume, y guarda un secreto que solo conoce la chamana de su reino opuesto.

Le enseñé a Thalgar todo lo que sé del sol. Él lo usó para sembrar en mi casa. — Azira, Chamana de Solaria

Thalgar es un hombre de corteza: su piel tiene vetas como la madera, su barba es musgo y, cuando duerme, le crecen hojas en los hombros. Lleva tanto tiempo en el corazón del árbol colosal que muchos verdelumianos creen que Madre Raíz habla a través de él. Pero su sabiduría no nació en el bosque. Su flavor la describe como «forjada en la luz», y esa luz es la del sol que nunca se apaga. De joven, Thalgar cruzó al reino opuesto y pasó años en Solaria aprendiendo de las chamanas del sol, algo que ningún verdelumiano había hecho antes ni ha vuelto a hacer.

Allí estudió junto a una aprendiz de su misma edad llamada Azira. Lo que hubo entre ellos los cronistas lo describen con prudencia como «más que una amistad». Cuando Azira fue nombrada chamana, Thalgar regresó a Verdelume. Se llevó dos semillas del Oasis del Soñador escondidas en el puño, y nunca le contó a nadie por qué.

Allí donde llega, brotan a su lado dos retoños que bailan al viento: son sus ojos y sus oídos, y crecen sin descanso. Del desierto conserva algo más duro. Cada vez que se fortalece, el sol que lleva dentro quema a alguien cerca, y Thalgar ha aprendido a dirigir ese calor contra sus enemigos. Lo vive como una lección que nunca olvida: en Solaria no se gana nada sin que otro pierda un poco.

Cuando Aremis llegó a Verdelume pidiendo ayuda, el Consejo de la Corteza votó, pero fue Thalgar quien entregó las semillas que crecen de noche: hijas de aquella primera semilla del Oasis, cultivadas en secreto durante décadas. Los brotes que bailan al viento en el camino de Aremis son de su linaje. Azira los reconoció al instante. Por eso no vio un milagro sino una invasión: sabía de qué mano venían.

Desde la Fractura, Thalgar apenas sale del árbol. Madre Raíz se queja en sueños de que una de sus raíces más profundas toca algo frío bajo el Bosque Maldito, y el sabio pasa las noches escuchándola.

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