La Llave de las Constelaciones encaja en una cerradura que todavía no existe. Pakut defiende algo que no se puede nombrar. El Constelador sospecha que es la misma cosa.
Defiendo lo innombrable. Si lo nombraras, ya no tendría que defenderlo de ti. — Pakut, Guardián de Ethereon
El Constelador Místico lee el destino en el mazo de sus rivales gracias a la Llave de las Constelaciones. Pero una llave sirve para abrir, y la suya no abre nada. Los astrónomos de Ethereon le dijeron que encaja en una cerradura que todavía no existe. Él no se conformó. Lleva años buscando dónde se construirá.
Su búsqueda lo llevó hasta las salas más secretas de la capital de Ethereon. Allí lo esperaba Pakut. El guardián no le preguntó qué buscaba: le preguntó qué haría si lo encontraba. El Constelador contestó con sinceridad que no lo sabía. Pakut lo dejó marchar. A la mañana siguiente, la sala que el Constelador quería ver ya no estaba donde la había dejado.
Desde entonces juegan un juego que nadie más entiende. El Constelador lee las estrellas para adivinar dónde esconderá Pakut lo innombrable; Pakut lo mueve antes. Seleana lo sabe y no interviene. Nerith la Callada, desde las Puertas Juradas, observa la partida con una sonrisa que nadie ha visto antes.


