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Elemrise
❦ Bestiario

Capitán de las Mareas Cambiantes

Navegantes que leen dos mareas y eligen cuál seguir

2 min de lectura

En la bahía donde las mareas no obedecen a ninguna luna, solo un capitán sabe cuál subirá y cuál bajará. Desde la Fractura, hay dos. Y elegir mal cuesta sangre.

Mi fuerza se eleva junto con las mareas. Por eso aprendí a elegirlas. — Oriana Salmuera, capitana de las Mareas Cambiantes

La Bahía de las Mareas Cambiantes es el único puerto de Roglamor donde el agua sube y baja sin seguir a la luna. Sus capitanes no consultan calendarios: leen el agua como otros leen el cielo, y la experiencia del oficio se mide en «mareas acertadas». La bahía linda al sur con los bancos de arena que anuncian Solaria, y sus barcos llevan tanto comercio de sal como de vidrio del desierto, por lo que sus capitanes son mitad marinos de Hydrosia, mitad gente de duna.

Antes de zarpar, un capitán se asoma por la borda y mira dos olas: la que viene y la que vendrá. Elige una, la sigue, y descarta la otra sin volver la vista. Cuando la travesía es peligrosa, practica una costumbre de los bancos de arena que en Hydrosia escandaliza: se hace un corte en la mano y deja caer una gota en el agua, y la marea, a cambio, da firmeza al tripulante más débil del barco y le pone en el pecho el valor de desafiar a lo que venga.

La Fractura convirtió lo difícil en imposible. Ahora cada marea tiene un doble, una por realidad, y el capitán debe elegir entre cuatro olas en lugar de dos. Se han perdido barcos que zarparon con la marea correcta en la realidad equivocada. La capitana Oriana Salmuera, la más veterana de la bahía, ha cubierto la pared de su camarote con un registro de cada marea desde 2.847, convencida de que hay un patrón, y de que el patrón dibuja algo.

La leyenda de la bahía cuenta que Oriana, joven todavía, se enfrentó al Leviatán Abismal cuando este remontó la bahía persiguiendo un barco ballenero. Leyó la marea, eligió la que se retiraba y dejó varado al leviatán en un banco de arena durante media hora, el tiempo justo para que el ballenero escapara. El leviatán volvió al agua con la siguiente marea. Desde entonces, cada vez que el barco de Oriana sale de la bahía, una sombra enorme lo sigue a distancia, sin acercarse nunca.

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