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Elemrise
❦ Bestiario

Gigante de los Glaciares

Coloso del Techo Helado, entre las aguas de Hydrosia y el cielo de Ethereon

2 min de lectura

Caminan tan despacio que un solo paso les dura un invierno, y en el hielo que dejan atrás queda escrito el porvenir. Hydrosia les robó a uno, y los gigantes no lo han olvidado.

La Vieja Gelda tardó tres días en girar la cabeza para mirarme. Cuando por fin lo hizo, supe que ya había visto cómo voy a morir. — Dornal Escarcha, cazador de dragones

Al norte de Hydrosia, donde las aguas suben en escalones helados hasta casi rozar los planos de Ethereon, se extiende el Techo Helado. Allí caminan los gigantes de los glaciares: colosos de hielo azul con constelaciones encerradas en el pecho. Los magos de Hydrosia leen el futuro en el agua; los gigantes lo leen en el hielo, y cada paso que dan lo graba en las paredes del glaciar. A esa cicatriz de varias leguas se la conoce como el Muro de los Mañanas, y los oráculos de ambos reinos peregrinan para descifrarla.

Cerca de un gigante, el frío es tan intenso que cada movimiento cuesta. Los ejércitos que han marchado contra ellos cuentan que levantar la espada exigía tanto esfuerzo como pelear. Y hay algo peor: el gigante mira al enemigo y ve lo que piensa hacer. Si descubre un hechizo preparándose, sacude el hielo bajo sus pies, y el mago siente cómo sus planes se le revuelven en la memoria hasta no saber por dónde empezar.

Hace poco más de un siglo, unos magos de Hydrosia subieron al Techo Helado y se llevaron a un gigante joven, al que sus mayores llamaban Brumal. Querían saber si la visión de un gigante podía atarse al agua profunda. El resultado fue el Gigante Sumergido. Desde entonces, cada año, los gigantes de los glaciares abren una grieta nueva en el Muro de los Mañanas, y nadie en Hydrosia se atreve a preguntar qué cuentan.

A los pies del glaciar está Vado Escarcha, la aldea de cazadores donde creció Dornal Escarcha. En el hielo yace todavía el cuerpo de un dragón abatido hace generaciones, intacto bajo la nieve. La gigante más vieja, la Vieja Gelda, lo mantiene congelado y no deja que nadie se lleve una sola escama. Dornal lo intentó de niño; ella tardó tres días en girar la cabeza para mirarlo.

Desde la Fractura, el Muro muestra dos porvenires superpuestos, uno por cada realidad. En un tramo reciente, además, ha aparecido una escritura que no pertenece a ningún reino. Los gigantes ya no se acercan a él.

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