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Elemrise
❦ Bestiario

Soñador Onírico Ardiente

Muertos de Blazaria que no volvieron en la ceniza, sino en los sueños

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En Blazaria los muertos se queman para que vuelvan en la ceniza. Algunos se equivocan de camino y vuelven dentro de los sueños de los vivos, ardiendo.

Anoche alguien construyó una ciudad en mi sueño. Esta mañana tenía las sábanas quemadas. — Una posadera de la capital de Blazaria

En Blazaria los muertos se queman, y se dice que vuelven en la ceniza: en el carbón que calienta a sus nietos, en la tierra negra que hace crecer los viñedos de los Valles Quemados. Pero no todos encuentran la salida. Algunos espíritus, al subir con el humo, se pierden hacia arriba en lugar de hacia abajo y acaban en el reino de los sueños, que los astrónomos de Ethereon sitúan entre las constelaciones. Allí siguen ardiendo. Son los Soñadores Oníricos Ardientes.

Un soñador camina por los sueños ajenos como quien atraviesa habitaciones, dejando tras de sí paisajes enteros que no existían: un puente de brasas, una ciudad de humo, una playa que huele a pan. Solo lo detienen las sombras y quienes tienen visión verdadera, porque los demás no saben que están soñando. Si se le destruye, vuelve una vez más, débil y más pequeño, como un tizón que se niega a apagarse; la segunda vez ya no vuelve, y su ceniza cae sobre algún durmiente que despierta con la boca sabiendo a hollín.

La Fractura ha hecho que los sueños se filtren. Lo que un soñador crea en el sueño de alguien en una realidad aparece, a veces, en la otra, hecho de piedra y agua de verdad. Los cartógrafos se desesperan: el Mapa de Roglamor tiene ahora lugares que nadie fundó. Los herreros de Blazaria forjaron hace siglos el Anillo del Sueño Onírico precisamente para despertar a estos espíritus y guiarlos de vuelta a la ceniza; el anillo, sin embargo, hace tiempo que sirve a otros fines.

Hay una leyenda que irrita a las chamanas de Solaria. El Oasis del Soñador nació, según se cuenta, del sueño de un viajero dormido bajo una palmera. Los blazarios aseguran que ese viajero no estaba vivo: era Qadir Brasaserena, un caravanero quemado en las piras de Blazaria que se perdió hacia los sueños y soñó, durante cien años, con agua. El oasis sería su sueño hecho tierra. Y Qadir, dicen, todavía no ha despertado.

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