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Elemrise
❦ Bestiario

Gnomo Mecánico

Autómata sin inventor que late con un ritmo que no es suyo

2 min de lectura

No necesita cuerda, no tiene inventor y lleva dentro un símbolo que solo aparece en las paredes del pilar de Roglamor. Los gnomos lo llaman Remache. Desde la Fractura, su tic-tac ha empezado a desdoblarse.

Con un tic-tac incesante avanza. Y yo cuento, cada noche, cuántos tic-tacs le faltan para encontrarse consigo mismo. — Bizna Tuercaluna, relojera gnoma

Los gnomos regresaron a su pueblo una noche de luna llena, cansados de un viaje del que nunca han querido hablar, y con ellos venía una figura más pequeña que el resto, que avanzaba con un tic-tac incesante. Lo llamaron Remache. Es un gnomo hecho de bronce, engranajes y cristal ahumado, ágil y astuto, capaz de desafiar a criaturas diez veces más grandes. No pertenece a ningún elemento. Ningún gnomo reconoce haberlo construido.

La primera que intentó abrirlo fue Bizna Tuercaluna, la relojera más hábil del pueblo. Tardó una semana en soltar los tornillos de su pecho, y lo que encontró dentro la hizo cerrar la tapa de golpe: no había muelle ni resorte, solo un mecanismo que giraba sin que nada lo empujara, y grabado en la cara interna de la placa, un símbolo que Bizna no conocía. Lo copió en su cuaderno. Desde aquel día, Remache no deja que nadie se le acerque con un destornillador.

El símbolo era el mismo que Durn, el Enano de las Minas, vio grabado en las galerías profundas de Blazaria junto a un pilar, seis cristales y un sello roto; el mismo que, según el Caminante Cósmico, cubre las paredes interiores del pilar de Roglamor. Los gnomos más viejos creen que Remache fue construido para vigilar el sello. Los más jóvenes, que no fue construido: que lo que late en su pecho no es un engranaje.

Antes de la Fractura, su tic-tac era perfectamente regular. La noche en que el pilar se agrietó, Remache se detuvo por primera vez, durante el tiempo de un suspiro, y cuando volvió a moverse su ritmo había cambiado: ahora hace dos tic-tacs superpuestos, ligeramente desacompasados, como si contara el tiempo de dos mundos a la vez. Bizna lleva desde entonces un registro diario. Dice que los dos ritmos se están acercando, y que cuando coincidan, algo va a pasar.

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