Cuando el pilar se agrietó, un relámpago blanco cruzó el cielo de los seis reinos. Algunas de sus chispas no se apagaron: aprendieron a moverse.
No te muevas. No pienses. Si lo piensas, ya ha pasado. — Consejo de los pastores de nubes de Aetheria ante una centella
En 2.847 d. S., cuando el pilar central se agrietó, todos los reinos vieron el mismo destello: un relámpago blanco que partió el cielo de lado a lado. Pocos días después, los pastores de nubes de Aetheria empezaron a ver criaturas pequeñas hechas de luz chisporroteante, que saltaban de una nube a otra sin tocar el aire. Las llamaron centellas. No nacieron de ningún cristal ni pertenecen a ningún reino: son lo que quedó del instante en que el mundo se partió.
Una centella nunca está quieta y nunca duda. Llega al combate ya en movimiento, como si hubiera empezado a moverse antes de aparecer. Persiguen las tormentas, pero lo que de verdad parece alimentarlas es el roce entre las dos realidades: allí donde se juntan en enjambre, el velo entre ambos mundos es delgado. Los Selladores de Portales lo saben y siguen su rastro para encontrar grietas.
En la Torre de las Nubes Eternas, varios eruditos de la Academia de Eldralis intentaron capturar una. Lo lograron una sola vez, dentro de una esfera de cristal sellada que zumba día y noche y a la que llaman Magia Encapsulada. Los aprendices que la vigilan aseguran que la luz de su interior es cada año un poco más grande.
En una Isla Voladora todavía recuerdan la Noche del Tendal, cuando cientos de centellas bailaron sobre las cuerdas de ropa hasta el amanecer. A la mañana siguiente, la isla había derivado media legua hacia el Horizonte de Estrellamar, y nadie consiguió explicar por qué.
Vínculos
NacimientoLiberación del Sello del VacíoLas centellas son chispas del relámpago que acompañó la liberación del sello del Vacío.
RastreadoresSellador de PortalesLos Selladores de Portales siguen a los enjambres de centellas para encontrar las grietas entre realidades.
PrisiónMagia EncapsuladaLa Magia Encapsulada de Eldralis es, según los aprendices, una centella que no deja de crecer.
