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Elemrise
❦ Bestiario

Sierpe Celestial

Serpiente de vidrio y viento, nacida de la arena de Solaria

2 min de lectura

Sus escamas son arena del desierto fundida en vidrio por los relámpagos. Se traga las palabras dichas en lo alto, y nunca las devuelve gratis.

En Aetheria no hay paredes que oigan. Hay cielos que tragan. — Dicho de los barqueros aéreos

Las grandes tormentas de arena de Solaria no terminan donde acaba el desierto. Los vientos las suben, a veces, hasta los cielos de Aetheria, y allí los relámpagos funden la arena en vidrio. De esos remolinos de cristal y polvo nace la Sierpe Celestial: una serpiente larga como una calle de la ciudad flotante, de escamas traslúcidas que suenan como campanillas cuando el viento sopla a favor.

Vive en el Horizonte de Estrellamar, donde el cielo de Aetheria toca el mar de estrellas de Ethereon, y se alimenta de algo extraño: las palabras dichas en lo alto. Todo lo que se susurra en una torre, en la cubierta de un barco aéreo o en un balcón flotante sube con el aire caliente, y la sierpe se lo traga. Por eso se dice que guarda los secretos del cielo. Cuando ataca, se estira y se endurece en una sola lanza de vidrio que atraviesa cualquier armadura; y si hay cerca otra criatura nacida del mismo viento, pierde todo miedo.

Durante siglos, la Orden de los Veedores la temió más que a ningún investigador. Sus reuniones se celebraban en sótanos, nunca en lo alto, precisamente para que la sierpe no oyera. Tras la Fractura, sin embargo, las sierpes han empezado a bajar, como si los secretos de las calles les supieran mejor ahora. Los aetherianos han aprendido a hablar de cosas importantes con la boca tapada.

Boris Sneil fue uno de los pocos que intentó negociar con una. Durante la investigación de los asesinatos de 2.845 subió a la Torre de las Nubes Eternas y le preguntó a la sierpe Ysmera qué había oído decir a los Veedores. Ysmera aceptó contárselo a cambio de un secreto de Boris. Él se lo dio. Nadie sabe cuál fue, y Boris volvió de la torre con la respuesta, pero sin querer hablar de lo que había entregado.

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