Sus escamas son arena del desierto fundida en vidrio por los relámpagos. Se traga las palabras dichas en lo alto, y nunca las devuelve gratis.
En Aetheria no hay paredes que oigan. Hay cielos que tragan. — Dicho de los barqueros aéreos
Las grandes tormentas de arena de Solaria no terminan donde acaba el desierto. Los vientos las suben, a veces, hasta los cielos de Aetheria, y allí los relámpagos funden la arena en vidrio. De esos remolinos de cristal y polvo nace la Sierpe Celestial: una serpiente larga como una calle de la ciudad flotante, de escamas traslúcidas que suenan como campanillas cuando el viento sopla a favor.
Vive en el Horizonte de Estrellamar, donde el cielo de Aetheria toca el mar de estrellas de Ethereon, y se alimenta de algo extraño: las palabras dichas en lo alto. Todo lo que se susurra en una torre, en la cubierta de un barco aéreo o en un balcón flotante sube con el aire caliente, y la sierpe se lo traga. Por eso se dice que guarda los secretos del cielo. Cuando ataca, se estira y se endurece en una sola lanza de vidrio que atraviesa cualquier armadura; y si hay cerca otra criatura nacida del mismo viento, pierde todo miedo.
Durante siglos, la Orden de los Veedores la temió más que a ningún investigador. Sus reuniones se celebraban en sótanos, nunca en lo alto, precisamente para que la sierpe no oyera. Tras la Fractura, sin embargo, las sierpes han empezado a bajar, como si los secretos de las calles les supieran mejor ahora. Los aetherianos han aprendido a hablar de cosas importantes con la boca tapada.
Boris Sneil fue uno de los pocos que intentó negociar con una. Durante la investigación de los asesinatos de 2.845 subió a la Torre de las Nubes Eternas y le preguntó a la sierpe Ysmera qué había oído decir a los Veedores. Ysmera aceptó contárselo a cambio de un secreto de Boris. Él se lo dio. Nadie sabe cuál fue, y Boris volvió de la torre con la respuesta, pero sin querer hablar de lo que había entregado.
Vínculos
TratoBoris, Investigador de AetheriaBoris cambió uno de sus secretos por lo que la sierpe Ysmera sabía de los Veedores.
MadrinaRuiseñor de la Tormenta de ArenaLos ruiseñores de la tormenta de arena cantan dentro de los remolinos que suben al cielo; las sierpes nacen arrulladas por su voz.
Desprecio mutuoGuardián Real de AetheriaLa Guardia Real de Aetheria guarda silencio para que nadie la oiga; la sierpe considera ese silencio una forma de robarle la comida.
