El Capitán de las Mareas Cambiantes navega el agua; el Jinete de las Dunas cabalga la arena. Comparten elementos, rostro y una marca de nacimiento con forma de ola. No saben que son hermanos.
Mi fuerza se eleva junto con las mareas. La de él, con las dunas. Juraría que suben a la vez. — El Capitán de las Mareas Cambiantes
Hace cuarenta años, una caravana de Solaria llegó a la Bahía de las Mareas Cambiantes para comerciar con sal. Una mujer de la caravana dio a luz gemelos en la orilla, y esa misma noche una marea sin luna se llevó la tienda. Uno de los niños apareció en una barca de pescadores. El otro, en una duna, a tres días de la costa.
El primero creció en la bahía, aprendió a leer el agua como otros leen el cielo y llegó a capitán. Su fuerza crece con cada marea. El segundo creció entre nómadas, aprendió a surcar las dunas como si fueran olas y convirtió la arena en su aliada. Los dos tienen agua y arena en la sangre, aunque en distinto orden.
Se vieron una sola vez, en el puerto de la bahía, durante un trueque. Se miraron más de lo normal. El capitán le preguntó al jinete de dónde era. El jinete dijo que del desierto, y el capitán sintió que le mentía, aunque no sabía por qué. Ninguno de los dos ha olvidado esa mirada.


