El Fénix de las Llamas Eternas renació durante la Fractura. Esa vez, de sus cenizas salieron dos aves. Una ardía. La otra no proyectaba luz.
Renace de las cenizas, portador de la llama eterna. Lo que no sabíamos es que las cenizas también tienen revés. — Loryan, en una lección en Eldralis
El Fénix de las Llamas Eternas muere y renace desde que hay fuego en Roglamor. Su última muerte coincidió con la noche de 2.847 en que el pilar se agrietó. Ardió sobre el Cráter del Dragón de Fuego, como siempre, y las cenizas se removieron al amanecer, como siempre. Pero esa mañana las cenizas se partieron en dos.
Del lado que daba al sol salió el fénix de siempre. Del lado que daba al pilar salió una forma hecha de sombras pulsantes, con llamas que no quemaban sino que deshacían. Las dos aves se miraron durante un instante, y la sombra levantó el vuelo hacia el centro del mundo.
Desde entonces, cada vez que el Fénix del Vacío desintegra un pedazo de realidad, al Fénix de las Llamas Eternas se le cae una pluma. Los cazadores de reliquias recogen esas plumas y las venden como amuletos de renacimiento, sin saber que cada una es la cuenta de algo que se ha perdido.



