Islas que flotan a la deriva entre las nubes, habitadas por mensajeros y criadores de aves. En una de ellas nació Ravak, el Hijo del Viento.
Aquí no se tiene dirección; se tiene viento. — Ilka Doscielos, mensajera
Las Islas Voladoras son trozos de tierra con raíces de piedra clara que flotan en el cielo, cada una del tamaño de un pueblo. Tienen hierba, un par de casas, un molino y un corral de aves; se mueven según el viento y los isleños las amarran con cuerdas a mástiles de cristal. De noche se oyen sus campanas de viento a leguas.
Sus habitantes son familias de mensajeros y criadores de aves: crían pájaros mensajeros, halcones y vigilantes de los cielos. Ilka Doscielos, mensajera de la Isla Ventaclara, llevó en 2.511 la carta más famosa del reino. Los Gnomos Voladores zumban entre las islas con alas de restos mágicos. Los Corredores de los Vientos entregan aquí la correspondencia.
Desde la Fractura las islas derivan más rápido y algunas desaparecen por unos días para volver con visitantes de la otra realidad. En una de ellas nació Ravak, el Hijo del Viento, y el lugar, la Isla del Alba Larga, se vuelve cada año un lugar de peregrinación. Su rincón secreto es el Palomar Sin Fondo, una torre llena de jaulas vacías: las aves que se van desde allí no vuelven a la misma isla, sino a la de otra realidad.


