Se juraron no volver a pisar suelo firme. Llevan tanto tiempo entre las nubes que, cuando atacan, el aire a su alrededor se convierte en granizo.
Abajo todo se mueve demasiado despacio. Aquí arriba, al menos, las cosas te avisan antes de caer. — Ulme Nieblalta, capitana de los Guardianes de las Nubes
La Torre de las Nubes Eternas es la más alta de Aetheria, y las nubes que la rodean nunca descansan. Dentro de ellas vive una guardia que la ciudad casi ha olvidado: los Guardianes de las Nubes, centinelas que juran no volver a pisar tierra ni calle flotante mientras vivan. Duermen en hamacas tendidas entre jirones de niebla, comen lo que les suben en cestas y vigilan los vientos altos, por donde llega todo lo que amenaza a Aetheria.
Tantos años en la humedad helada de las alturas les han cambiado el cuerpo. Tienen la piel pálida y fría, y cuando un intruso entra en su nube, el agua del aire se cuaja a su alrededor en escarcha y granizo que lo dejan inmóvil. Sus armas son garfios atados a cuerdas larguísimas: con ellos enganchan barcos aéreos que se desvían, criaturas que intentan colarse o compañeros que caen. Cuando lanzan los garfios, su silueta se hace más ancha y firme, como la de una nube de tormenta.
Durante siglos su vigilancia fue casi ceremonial. La Fractura la volvió urgente: los Guardianes de las Nubes fueron los primeros en ver al Vacío entrar en los cielos, y las campanas de la torre sonaron antes que ninguna otra alarma de Aetheria. Hoy son pocos y no hay relevo, porque casi nadie quiere renunciar al suelo para siempre. Los que quedan aseguran que, en días claros, desde su cima se ve el pilar roto de Roglamor, y que la grieta es más ancha cada estación.
Su capitana, Ulme Nieblalta, lleva sesenta años sin bajar. Los contrabandistas del cielo la conocen bien: el capitán Oren Velaspina ha perdido cuatro barcos en sus garfios y la odia con un respeto sincero. Se cuenta que una vez Oren le envió en una cesta una piedra de las Montañas de Hierro, para que supiera cómo pesaba el suelo. Ulme se la devolvió con una nota: «Ya me acuerdo. Por eso no bajo».
Vínculos
RivalSurfeador de los CielosLos Surfeadores de los Cielos atraviesan sus nubes por diversión; los guardianes los enganchan, los congelan un rato y los sueltan con una advertencia.
Hermanos de armasGuardián de la TormentaSe comunican con los Guardianes de la Tormenta mediante rayos, en un código que solo ellos entienden.
DonMirada del CentinelaLa Mirada del Centinela se aprendió en esta torre: es el modo en que un guardián mira una nube y sabe qué hay dentro.
