Miridia nació con el viento en las manos. Caelan, su hermano, solo lo tiene mientras sostiene la Espada de la Brisa. Ninguno de los dos ha dicho nunca en voz alta lo que eso significa.
Con cada paso, lleva consigo el aliento de Aetheria. Lo que no sé es de quién es ese aliento. — Caelan, Portador de la Brisa
Cuando eran niños, Miridia levantaba cometas sin cuerda y Caelan corría detrás de ellas. Nunca pudo alcanzarlas. A los doce años le entregaron la Espada de la Brisa de Aetheria, y la primera vez que la blandió, la cometa de su hermana cayó al suelo cortada en dos por un viento que él no sabía que podía invocar.
Miridia se rió. Caelan no. Esa noche le preguntó a su hermana si el viento le obedecía a él o a la espada. Miridia le contestó lo que él quería oír. Y desde entonces, cada vez que Caelan desata un Viento Cortante, ella se pregunta si de verdad lo hizo él o si fue ella, sin querer, desde lejos.
Durante la invasión del Vacío lucharon espalda con espalda sobre la Isla Voladora. Caelan abrió un pasillo de viento a través de una horda entera. Al terminar, miró a su hermana con una pregunta en los ojos. Ella bajó las manos, que todavía temblaban, y no dijo nada.



