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Elemrise
❦ Bestiario

Boris, Investigador de Aetheria

Humano, sin elemento ni reino: el hombre que miró a la Orden a los ojos

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Los aetherianos bromean con que Boris Sneil es la criatura más peligrosa de Roglamor: un humano que pregunta. Nunca baja la guardia, y parece más difícil de matar cuando cierto asesino anda cerca.

Todo asesino tiene un motivo. Toda orden secreta, un tesorero. Y todo tesorero, un mal día. — Boris Sneil, en sus notas sobre los Veedores

Que Boris Sneil aparezca en un bestiario es una broma de los archiveros de Aetheria, pero una broma seria. No tiene elemento, ni linaje, ni chispa conocida. No vuela ni lanza conjuros. Y, sin embargo, fue él quien derribó a la Orden de los Veedores, algo que no habían conseguido seis reinos en siglos. Los cronistas lo describen como un hombre de paso tranquilo, cuaderno en mano, que trata a un asesino y a un portero con la misma cortesía.

Su costumbre más famosa es la que los soldados llaman «la guardia de Boris»: avanza hacia el peligro sin perder nunca la postura, como si cada paso fuera también un paso atrás. Ha recibido emboscadas en tres reinos y en ninguna lo pillaron desprevenido. Es valiente, pero no temerario; prefiere entrar en una habitación oscura sabiendo cuántas salidas tiene que entrar con una espada.

Desde el caso de 2.845 d. S. corre por Aetheria un rumor que Boris niega con una sonrisa. Dicen que el Asesino de un Ojo no desapareció del todo, que lo vigila desde las sombras y que más de un sicario enviado contra el investigador ha aparecido inconsciente en un callejón, sin un rasguño y sin poder explicar qué le golpeó. Boris solo admite que, cuando sabe que ese hombre anda cerca, duerme un poco mejor.

La Fractura llegó apenas dos años después de su victoria, y Boris no se lo perdona. Expuso a la Orden, pero no a tiempo: el daño al sello ya estaba hecho. Desde entonces ha vuelto a abrir su cuaderno. Persigue lo que quedó de los Veedores, los libros que no ardieron y los nombres que nunca aparecieron en el juicio. Su lista tiene una última línea, subrayada dos veces, con una sola palabra: «¿Quién?».

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