Torres de roca afilada donde los Guardianes de Solaria vigilan el horizonte. Aquí defendió Aremis el reino durante la primera oleada del Vacío.
Una aguja por cada nombre: así el desierto no olvida. — Capitán Hamed Tresespejos
Las Agujas son un bosque de pilares de roca roja, algunos tan finos que parecen a punto de romperse, otros tan anchos como fortalezas. El viento las talla y las afila; al amanecer proyectan sombras largas como lanzas y al atardecer se tiñen de granate. Entre ellas hay barrancos de arena fina y charcas de agua salobre.
Los Guardianes de Solaria viven en torres excavadas en las agujas y se comunican con espejos de bronce de pico a pico. Su costumbre es nombrar una aguja por cada guardián caído, y hay ya más de trescientas. Las Gárgolas de Roca Desierta, talladas por los primeros guardianes, despiertan con la sangre. La Sierpe Celestial, hecha de vidrio y viento, serpentea entre los pilares al atardecer.
Aquí resistió Aremis la primera oleada del Vacío, y las grietas de esa batalla siguen abiertas en tres agujas. Tras la Fractura algunas agujas existen solo en una realidad: los guardianes ven torres que sus compañeros de la otra no ven. El rincón secreto es la Aguja Hueca, una torre sin puerta por fuera que se abre desde dentro: guarda el espejo mayor, que no refleja el cielo, sino otro desierto.


