Skyvorn ofrece a cualquiera que se atreva la misión de domar las tormentas oscuras que el Vacío lanza sobre Aetheria. Quien lo logra no solo salva una ciudad: le gana al cielo un pedazo de suelo.
No te pido que la venzas. Te pido que la hagas tuya antes de que te haga suyo. — Skyvorn, Protector de los Cielos
Desde que las criaturas del Vacío invadieron los cielos, sobre Aetheria se forman tormentas densas y oscuras que desafían las leyes naturales. No llueven: devoran. Skyvorn, Protector de los Cielos, sabe que no puede enfrentarse a todas, y desde 2.848 d. S. ofrece una recompensa a quien domine una de ellas.
La misión exige dos cosas. Primero, golpear al enemigo que alimenta la tormenta, para que la tempestad se vuelva contra él; quien lo logra siente cómo el viento se pone de su parte y lo vuelve imparable un instante. Después, aguantar sin ser herido mientras la tormenta se calma, porque la tempestad prueba a quien la doma. Los que resisten descubren algo asombroso: una tormenta dominada se condensa en una isla nueva, una tierra flotante que obedece a quien la conquistó.
La primera en lograrlo fue Miridia, Controladora de Vientos, sobre la Torre de las Nubes Eternas. La isla que nació de su tormenta aún flota junto a la capital y sus habitantes la llaman la Calma de Miridia.
El precio del fracaso es alto. Si el enemigo destruye la tormenta antes de que sea dominada, la tempestad estalla y arrastra consigo a uno de los defensores. Skyvorn guarda la lista de los que se llevó el cielo, y no deja de crecer.



