Donde un Guardián de la Cima pisa, brota un retoño que baila con el viento. No es decoración: es una alarma. Si los brotes se quedan quietos, algo se acerca que el viento no quiere tocar.
En la cima, una mirada atenta custodia las alturas. Y abajo, un brote que no baila es la peor noticia del mundo. — Hesper Altaraíz, Guardiana de la Cima
Por encima de las runas, por encima de los bosques y de las cuevas del Clan de las Runas, las Montañas Rúnicas terminan en picos desnudos donde el aire es tan fino que la hierba crece de lado. Allí arriba viven los Guardianes de la Cima, un linaje de centinelas de Verdelume que hace siglos juró vigilar las alturas. Son de piel curtida, ojos entornados por el viento y una paciencia que solo se aprende pasando años mirando un mismo horizonte.
Su arte más conocido es la siembra. Cada vez que un guardián toma posición, entierra una semilla a sus pies, y al instante brota un retoño pequeño y flexible que baila al ritmo del viento. Los forasteros lo toman por un adorno. Es una alarma: los brotes danzantes se mueven con cualquier brisa, pero se quedan completamente quietos ante la presencia del Vacío, como si el aire se negara a tocar lo que se acerca. Cuando un guardián ve sus brotes inmóviles, ataca, y lo hace dos veces: un golpe desde la altura que nadie espera y otro que ya no importa si lo esperan.
La más veterana es Hesper Altaraíz, que vigila el pico que domina la aldea del Clan de las Runas desde antes de que Thorek naciera. Ella lo vio crecer, lo vio ser nombrado Guardián del Clan y lo vio marcharse al amanecer sin que nadie aullara por él. Hesper tampoco aulló, porque no es loba. Pero aquella mañana plantó un brote en el sendero por el que Thorek bajaba, y desde entonces lo riega cada día.
Tras la Fractura, Hesper notó algo que inquietó a todo el linaje: los brotes danzantes empezaron a crecer también en Solaria. Los vio desde la cima, una mancha verde que avanzaba hacia la capital del desierto, retoños que bailaban exactamente como los suyos. Alguien había aprendido su siembra. Cuando supo que el responsable era un guardián del desierto llamado Aremis, Hesper no se enfadó. Se rio por primera vez en años y dijo que el viento elige bien a quién le cuenta sus secretos.
Vínculos
ProtegidoThorek, Guardián del ClanHesper Altaraíz vio crecer a Thorek y todavía riega el brote que plantó en el sendero de su exilio.
Discípulo involuntarioAremis, Guardián de SolariaAremis aprendió, sin saber de quién, la siembra de los brotes danzantes, y la llevó hasta las puertas de la capital de Solaria.
AliadaElfa de las Hojas DanzantesLas Elfas de las Hojas Danzantes enseñaron a los brotes el compás con el que se mueven.
