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Elemrise
❦ Bestiario

Elfa de las Hojas Danzantes

Bailarina del viento en el Bosque Encantado de Verdelume

2 min de lectura

Cuando una elfa de las hojas danzantes entra en un claro, el aire se vuelve respirable y los heridos sienten alivio. Liriel Hojarasca baila para que el bosque no olvide su propio ritmo.

Sus pasos susurran al ritmo del viento entre los árboles. Si te pierdes, sigue las hojas que caen hacia el mismo lado. — Consejo de los druidas de Verdelume

En el Bosque Encantado, el viento no sopla: lo bailan. Las elfas de las hojas danzantes son un pequeño pueblo de Verdelume cuyo arte consiste en mover el aire con los pies. Cada paso que dan levanta un remolino de hojas, y cada remolino arrastra consigo un poco de vida del árbol sagrado hacia los rincones donde falta. Por eso, cuando una de ellas llega a un claro, los heridos respiran mejor y los enfermos se incorporan, aunque nadie las haya visto tocar a nadie.

Su primer movimiento al entrar en combate es siempre el más rápido. Las elfas lo llaman «el paso de entrada»: un salto que las pone en guardia antes de que el enemigo termine de girarse. No pueden mantener esa velocidad mucho tiempo, porque el viento se cansa antes que ellas, pero ese instante suele bastar para que un aliado escape o una flecha encuentre su blanco.

Desde la Fractura, sus danzas han adquirido otra función. En el linde del Bosque Maldito los árboles susurran con voces que no son suyas, y los druidas descubrieron que las elfas pueden cubrir esos susurros con el sonido de las hojas. Hay grupos de bailarinas que se turnan noche tras noche en la frontera, formando una muralla de rumor verde para que nadie en Verdelume tenga que escuchar lo que dice el bosque muerto.

La más célebre es Liriel Hojarasca, que una vez bailó tres noches seguidas alrededor de un druida herido para mantener lejos las voces. Liriel tiene una debilidad que todo el bosque conoce: está enamorada del Herbolario Errante, un elfo que siempre pierde el camino entre raíces y hierbas. Cada vez que él se extravía, Liriel sube a la copa más alta y baila hasta que las hojas, al caer, le dibujan un sendero de vuelta.

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