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Elemrise
❦ Bestiario

Elemental Natural

Chispa del Bosque Encantado que late al ritmo de un corazón ajeno

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Nacen donde un rayo toca una hoja sin quemarla. Bailan con las hadas, se encariñan con un mortal, y cuanto más cerca está ese mortal de morir, más arden.

No los ates a ti si piensas morir pronto. No saben perder a nadie. — El Hada de los Bosques Encantados

En el Bosque Encantado, cuando un rayo cae sobre una hoja y la hoja no se quema, nace un Elemental Natural. Son pequeños, del tamaño de un gato, hechos de savia, chispas y luz de luciérnaga, y pasan las noches bailando con las hadas alrededor del árbol sagrado. Las hadas los llaman «chispas de tilo» y los tratan como a niños traviesos: les dejan jugar con los hechizos más antiguos siempre que no los rompan.

Cada elemental, tarde o temprano, se encariña con un mortal y se ata a su latido. Desde ese día, cuando su compañero hiere a alguien, el elemental le devuelve un poco de esa vida robada. Y cuanto más débil está el compañero, más arde el elemental. Con un corazón fuerte cerca, es una chispa juguetona; junto a un moribundo, se convierte en un incendio del tamaño de su último aliento. Los druidas dicen que no es furia: es miedo, el miedo de un niño que ve a su madre caer.

La Fractura ha puesto a prueba a los elementales. En el linde del Bosque Maldito, varios ataron su latido a heridos que luego murieron en la otra realidad, pero no en esta. Los elementales siguen ardiendo junto a esos cuerpos que respiran en un mundo y no en el otro, sin saber si deben apagarse. Las hadas han empezado a separarlos de los mortales antes de que se encariñen.

La más conocida fue Tilia, la chispa de un druida anciano llamado Corvino Musgoviejo. Cuando Corvino cayó defendiendo el linde, Tilia ardió con tal fuerza que dejó un claro de ceniza blanca en pleno bosque. Corvino vivió. Tilia se apagó. En ese claro, cada primavera, el primer rayo de la tormenta cae siempre en el mismo sitio, y nunca quema la hoja.

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