El Vengador de los Muertos devuelve la paz a los caídos. El Devorador de Almas se los come. Los dos nacieron de la misma tumba, la misma noche.
Graaa'khhh... Ssshhraaaa'ghhh... Hermano. — Traducción dudosa de un oráculo de Ethereon
En el linde entre Verdelume y el Plano Espectral hay un túmulo de piedra que los druidas evitan. Allí enterraron, hace siglos, a un nigromante que intentó levantar a los muertos y fracasó a medias. Esa noche, del túmulo salieron dos espíritus. Uno tenía hambre. El otro tenía remordimiento.
El Devorador de Almas recorre los campos de batalla buscando almas que nadie reclama. No sabe hablar: solo emite un gruñido largo, como de algo que traga. El Vengador de los Muertos llega siempre después, a recoger lo que queda y llevarlo a descansar. Los dos tienen los mismos elementos, la misma silueta encorvada y, si se los mira de cerca, la misma cicatriz en el cuello.
Una vez se encontraron en el Bosque Maldito, sobre un mismo caído. El Vengador alzó la mano. El Devorador abrió las fauces. Se quedaron así un instante muy largo. Luego el Devorador retrocedió y se perdió entre los árboles. El Vengador no ha contado nunca qué vio en sus ojos.


