Lo que queda del bosque allí donde llegó el Vacío. Sus árboles susurran con voces ajenas, y quien pasa una noche en él nunca vuelve a ser el mismo.
Entré una noche, salí otra. Lo demás no cuenta. — Garren Hojaseca, el Superviviente
El Bosque Maldito se llamó Arboleda Larga y era un robledal de claros amplios. Hoy sus troncos son negros, retorcidos y estrechamente apretados; la luz no baja del dosel y el suelo es una alfombra de hojas húmedas que nunca terminan de pudrirse. Los árboles susurran con voces que no son suyas, y a veces dicen nombres.
En su linde viven los Trasnochados, que cuidan a quienes salen del bosque. El Superviviente Garren Hojaseca, su hija Ilda y los Duendes Corrompidos recorren los límites, mientras el Vengador de los Muertos carga con las deudas de los caídos y el Devorador de Almas, antes Pastor de las Raíces, acecha en las arboledas funerarias. Quien entra deja una cuerda atada a la entrada.
Desde la Fractura el bosque se extiende un paso más cada noche. El rincón secreto es la Arboleda de los Nombres, un claro donde cada árbol tiene tallado un nombre y una fecha; algunos, las fechas de mañana. Hay quien cree que el bosque es una cuenta de los que vendrán, y quien lo cuenta en voz alta no deja de oír su propio nombre en las hojas.


