Todos saben que Ivith marcó la cara del Cazador de Dragones. Pocos saben por qué: aquel día, en la nieve, el cazador acababa de matar a Sarneth, hermano de nidada del Dragón Dorado.
Marcado de por vida, Ivith, por la cicatriz que me dejaste. — Dornal Escarcha
Dornal Escarcha no siempre fue cazador de dragones. Fue guía de caravanas en las cumbres que separan Hydrosia de las tierras frías, y conocía cada grieta del glaciar. Por eso lo contrataron para seguir el rastro de Sarneth, un dragón blanco que dormía bajo la nieve y que, decían, se había comido un rebaño entero.
El rebaño apareció después, perdido en una ventisca. Pero para entonces Sarneth ya yacía inmóvil en el frío silencio de la nieve, y Dornal, con la lanza todavía en las manos, sentía el eco de un triunfo que no le sabía a nada. Fue entonces cuando el cielo se tiñó de oro.
Ivith no lo mató. Podría haberlo hecho con un solo aliento. Le cruzó la cara con una garra, despacio, como quien firma un documento, y le dijo que viviría para recordar a quién había matado. Dornal lo recuerda cada mañana en el agua del lavadero. Desde entonces no ha cazado otra cosa que dragones, porque no soporta la idea de que ese día haya sido un error.



