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Elemrise
⚜ Reliquia

Maldición de la Agonía

Un dolor que nunca se va y enseña a apartarse de los golpes

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Un tormento perpetuo que envuelve cuerpo y alma. El maldito aprende a temer cualquier golpe fuerte y deja de proteger a los demás. Nació como castigo para los que rompen juramentos en Hydrosia.

Duele cada día. Mi hijo vive cada día. Las cuentas salen. — Seren Aguaclara

En Hydrosia los juramentos lo son todo. «La marea siempre vuelve», dicen, y lo que se promete también. Hacia el 900 d. S., los magos que leen el futuro en el agua idearon la Maldición de la Agonía como castigo para quien rompía un juramento de protección: un dolor que nunca cesa y que se despierta cada vez que el maldito intenta interponerse entre un golpe y otra persona.

La maldición no mata. Condena al afectado a un sufrimiento interminable que ningún alivio puede apaciguar, y le enseña, a fuerza de dolor, a apartarse. Un guardián maldito ya no puede detener a ningún atacante fuerte: su cuerpo se niega antes de que su voluntad decida.

La víctima más recordada fue Seren Aguaclara, escolta de una princesa hydrosiana, que en 1.540 d. S. abandonó su puesto para salvar a su propio hijo. La princesa sobrevivió, pero el juramento estaba roto. Seren vivió setenta años más con la maldición y nunca se arrepintió en voz alta.

Desde la Fractura, la maldición ha aparecido lejos de Hydrosia, en criaturas que nunca juraron nada. Aegir, Ruiseñor de Hydrosia, ha ordenado averiguar quién la está lanzando.

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