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Elemrise
❦ Bestiario

Orco de la Luna Sangrienta

Clan de las Tierras Salvajes que teme a su propia luna

2 min de lectura

Bajo la luna corriente, los orcos de la Luna Sangrienta crían cabras y odian la guerra. Bajo la roja, se convierten en lo que todos temen. Desde la Fractura, la luna roja sale cada vez más a menudo.

No temo a la luna. Temo a lo que hago cuando la miro. Por eso me ato. — Gruma Dientefrío, jefa del Clan de la Luna Sangrienta

Lo que pocos saben de los orcos de la Luna Sangrienta es que, la mayor parte del tiempo, son pastores. Viven en las Tierras Salvajes, entre Verdelume y Blazaria, en aldeas de piedra y turba donde crían cabras de pelo rojo y cantan canciones larguísimas sobre el tiempo. Desconfían de los forasteros y no les gusta pelear. Tienen buenas razones para evitarlo.

Una vez cada muchos años, la luna de Roglamor se tiñe de rojo. Esa noche, algo en la sangre de los orcos despierta. Se vuelven más grandes, más rápidos y mucho más crueles, y salen de las sombras guiados por el olor de la sangre recién derramada. Un orco transformado no persigue al enemigo más fuerte: busca al que ya está herido y lo remata sin piedad. Por eso los soldados de los reinos vecinos tienen una regla para las noches rojas: quien sangra, se esconde.

Durante siglos, el clan aprendió a protegerse de sí mismo. Antes de cada luna roja, los orcos se encadenan unos a otros en el interior de cuevas selladas y dejan las llaves a sus cabras, que no saben abrir nada. Funcionaba. Pero tras la Fractura la luna sangrienta llega cada vez más a menudo, a veces dos veces en una misma estación, y las cadenas ya no aguantan tanto uso. Algunos orcos han empezado a pasar las noches rojas fuera, y otros han dejado de querer encadenarse.

La jefa del clan, Gruma Dientefrío, es la última que sigue encadenándose sola, en una cueva junto a su aldea, con tres vueltas de cadena alrededor del pecho. Los jóvenes la llaman cobarde. Ella les responde siempre lo mismo: que ha visto la luna roja dos veces en otra parte, un reflejo en el cielo que nadie más parecía ver, y que en ese otro cielo los orcos ya no se encadenan.

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